Cómo posar en una sesión de fotos (y qué hacer con las manos)
Es lo primero que dice casi todo el mundo: «es que nosotros no sabemos posar, salimos fatal en las fotos». Y casi siempre es falso. Lo que pasa es que nadie te ha explicado tres o cuatro cosas mecánicas, y que un buen fotógrafo dirige, así que la mitad del trabajo no es tuyo.
Aun así, saber esto de antemano cambia mucho el primer cuarto de hora.
Fotos reales en Barcelona
Las manos son el problema, y tienen solución
Cuando alguien dice «no sé posar» casi siempre quiere decir «no sé dónde poner las manos». Colgando muertas al costado se ven raras, y en cuanto piensas en ellas se ponen rígidas.
Lo que funciona es darles algo que hacer:
- Tocar algo propio: el pelo, el cuello de la camisa, el borde del vestido, el reloj.
- Tocar a la otra persona: la cara, la nuca, la cintura, la mano.
- Ocupar los bolsillos, pero solo con los pulgares fuera o solo con las manos a medias. Metidas del todo hacen desaparecer los brazos.
- Sostener algo: un café, un sombrero, una copa. Una sesión con un objeto siempre es más fácil que sin él.
Regla general: manos relajadas y algo curvadas, nunca abiertas y tensas como si empujaras una pared. Y evita apretar: los nudillos blancos se ven.
No mires a la cámara todo el rato
La foto que la gente cree que quiere es mirando al objetivo y sonriendo. La que después elige para imprimir casi nunca lo es.
Las que funcionan son las de en medio: cuando os estáis riendo de algo, cuando camináis hablando, cuando uno mira al otro y el otro no se ha dado cuenta. Por eso los fotógrafos buenos os hacen moveros y hablar en vez de decir «mirad aquí».
Si te cuesta, un truco viejo y eficaz: mirad a la cámara, cerrad los ojos, respirad, y abridlos justo cuando el fotógrafo cuente. Salta el gesto congelado de esperar el disparo.
Los cuatro trucos mecánicos
El peso en una pierna. De pie con el peso repartido en las dos, el cuerpo sale plano y de frente. Carga el peso en la pierna de atrás y adelanta ligeramente la otra: aparece una curva y todo se ve más suelto.
El cuello hacia delante y abajo. Suena ridículo y funciona: adelantar un poco la barbilla y bajarla estira la línea del cuello y quita la papada que crea el ángulo de la cámara. Todo el mundo lo hace y en la foto no se nota.
Separa los brazos del cuerpo. Un brazo pegado al torso se aplasta y se ve el doble de ancho. Un par de centímetros de aire bastan.
Hombros abajo. Cuando alguien está nervioso los sube sin darse cuenta. Un suspiro largo antes de cada bloque los devuelve a su sitio.
Sonreír, pero de verdad
Una sonrisa mantenida treinta segundos se convierte en mueca: los ojos dejan de participar y se nota al instante.
Lo que sí funciona: reírse de algo real. Por eso el fotógrafo os hará hablar entre vosotros, os pedirá que os contéis una tontería, o os hará caminar y chocaros a propósito. No es relleno, es la herramienta.
Y no hace falta sonreír todo el rato. Una cara tranquila y presente suele envejecer mucho mejor que treinta sonrisas iguales.
Qué dicen los clientes de este tipo de sesión
Cuando pensamos en Andreu y Aleksandra para ser nuestros fotógrafos de boda, nos gustó que las fotos no fueran solo un recuerdo de ese día, sino que contaran una historia. Veíamos que muchas fotos suyas tenían vida, personalidad, que eran atrevidas y eso es lo que hemos encontrado también en nuestra sesión. Hay fotos emocionantes, divertidas, otras sencillamente preciosas y otras muy locas. Una maravilla, vamos. En definitiva, que estamos encantados.
— Pere C. sobre Andreu D.
El trabajo que hizo Martino fue magnífico! Nos ENCANTARON las fotos que nos tomó en el lago di braies❤️ 🤩!. Además fue muy amable y atento durante todo el proceso desde el primer contacto hasta el día de la pedida de mano, siempre en comunicación, cuidando cada detalle de luz para que todo saliera perfecto. Fue una experiencia maravillosa! Super recomendables sus servicios. Gracias Martino 🫰🏽!
— Rogelio R. sobre Martino B.
Jordi, ha hecho un trabajo espectacular. En qué momento le escribí! Como profesional del sector, pocas veces he visto un trabajo tan pulido y un ojo tan crítico para captar cada detalle. Un 10, de verdad. ❤️
— Samuel O. sobre Jordi I.
Coincidimos por casualidad en el Lago di Braies, ¡y se ofreció a hacernos unas fotos a mi pareja y a mí! ¡¡Las fotos quedaron increíbles!!
— Timothee sobre Martino B.
Una sesión de fotos excelente con Edgar: nos hizo sentir en confianza y consiguió que pasáramos un rato excepcional. Las fotos son de una calidad excelente y reflejan muy bien las emociones surgidas durante la sesión.
— Valentin B. sobre Edgar Z.
¡Andreu y Aleksandra son fantásticos! Gracias a sus fotografías podemos sentir que volvemos a la emoción de aquel día y ser testigos de cómo lo vivieron nuestros invitados con total naturalidad. Son buenísimos captando la esencia del momento, de la expresión, de la emoción... Una grandísima elección.
— Míriam R. sobre Andreu D.
Si vais en pareja
Lo que mejor sale casi nunca es de frente a la cámara y abrazados:
- Caminad. De la mano, hablando, sin mirar al objetivo. Da movimiento y ocupa las manos de los dos.
- Que uno mire al otro. La asimetría funciona mejor que dos caras iguales al frente.
- Acercaos más de lo que os parece natural. En la vida real la distancia cómoda es mayor que la que se lee como intimidad en una foto. Casi siempre hay que juntarse un poco más.
- Diferencia de altura: sentarse en un escalón, apoyarse en una pared, subirse a algo. Rompe la línea de dos personas de pie.
Si vais con niños
Cambia todo: a los niños no se les posa. Los primeros quince minutos son los buenos, y conviene gastarlos en las fotos que de verdad importan. Después el plan es dejarles hacer y fotografiar lo que pase. Más sobre eso.
Lo que ayuda antes de empezar
- Un café o una copa de vino antes. En serio: media hora de charla previa hace más por las fotos que cualquier consejo de esta lista.
- Ropa cómoda de verdad. Si te aprieta, se te nota en la cara. Qué ponerse.
- Dos o tres fotos de referencia, no veinte. Sirven para explicar el tono; veinte convierten la hora en una lista de tareas.
- Decir en voz alta lo que no te gusta de ti en foto. Un perfil, una sonrisa torcida, una cicatriz. El fotógrafo lo tendrá en cuenta desde el primer minuto en vez de descubrirlo al entregar.
Y lo más importante
La primera media docena de fotos de cualquier sesión se descarta siempre, en todas las sesiones del mundo. Es el rato en que la gente se acostumbra a la cámara. Sabiendo eso, se pasa antes.
Puedes contarle tus dudas a un fotógrafo antes de reservar: los que trabajan bien están acostumbrados a dirigir a gente que dice «no sé posar», que son prácticamente todos.
Preguntas frecuentes
¿Qué hago con las manos en una sesión de fotos?
Darles algo que hacer: tocar algo propio —el pelo, el cuello de la camisa, el borde del vestido, el reloj—, tocar a la otra persona, ocupar los bolsillos con los pulgares fuera o sostener algo, un café, un sombrero, una copa. Manos relajadas y algo curvadas, nunca abiertas y tensas como si empujaras una pared, y sin apretar: los nudillos blancos se ven.
¿Hay que mirar a la cámara y sonreír todo el rato?
No. La foto que la gente elige después para imprimir casi nunca es la de mirar al objetivo sonriendo, sino las de en medio: cuando os reís de algo, cuando camináis hablando, cuando uno mira al otro. Una sonrisa mantenida treinta segundos se convierte en mueca, y una cara tranquila y presente envejece mejor que treinta sonrisas iguales. Si te cuesta, mirad a la cámara, cerrad los ojos, respirad y abridlos justo cuando el fotógrafo cuente.
¿Cuáles son los trucos básicos para salir bien de pie?
Cuatro: cargar el peso en la pierna de atrás y adelantar ligeramente la otra, para que aparezca una curva; adelantar un poco la barbilla y bajarla, que estira el cuello y quita la papada del ángulo de la cámara; separar los brazos un par de centímetros del cuerpo, porque pegados se ven el doble de anchos; y bajar los hombros con un suspiro largo antes de cada bloque. En pareja, caminad de la mano sin mirar al objetivo y acercaos más de lo que os parece natural.
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