Sesión de fotos de pareja: cómo es realmente esa hora
Casi nadie que reserva una sesión de pareja se ha dejado fotografiar a propósito antes, y lo que de verdad preocupa no es si el fotógrafo será bueno. Es no saber qué hacer con las manos.
Así es esa hora en la práctica.
Los diez primeros minutos son incómodos para todos
No es señal de que vaya mal. Es la forma normal de una sesión.
Un buen fotógrafo dedica esos minutos a caminar y hablar más que a disparar en serio: os pone en movimiento, ve cómo sois el uno con el otro y averigua en silencio qué perfil prefiere cada uno. De ese tramo casi nunca sale la foto favorita de nadie.
Lo que ayuda: llegar habiendo desayunado y no tener nada pegado justo después. Quien mira el reloj sale en la foto mirando el reloj.
Del minuto diez al cuarenta salen las fotos
En cuanto se cae la vergüenza, lo demás va solo. Aquí es donde el fotógrafo os mueve entre dos o tres puntos, os da algo que hacer en lugar de una pose que aguantar, y dispara mucho.
«Algo que hacer» es la diferencia entre fotos que parecéis vosotros y fotos de catálogo. Caminar hacia la cámara hablando. Que os cuenten un chiste. Que te pidan que le digas al oído lo peor que ha cocinado nunca. La instrucción es una excusa; lo que produce es una expresión de verdad, que es justo el objetivo.
Si queréis una foto concreta que tenéis en la cabeza, pedidla en este tramo. Al final ya no hay tiempo.
Los últimos veinte minutos son para la luz
Las sesiones se colocan para que la mejor luz caiga al final. En España eso es más tarde de lo que la gente cree: el sol se pone hacia las 21:25 en Barcelona en junio y sobre las 17:20 en diciembre, porque el país va con horario centroeuropeo estando geográficamente al oeste. Más sobre esto.
En la práctica: los últimos veinte minutos de una sesión de verano son bastante noche. Si hay cena después, dejad más margen del que parece necesario.
Dónde se va una hora
Un sitio es una sesión. Tres sitios son una sesión más dos caminatas, y en un casco antiguo esas caminatas son de adoquín y cuesta arriba.
Con realismo:
- Una hora, uno o dos sitios. Lo correcto para casi todo el mundo.
- Dos horas, tres sitios. Merece la pena si queréis fondos de verdad distintos.
- Más de eso ya resta luz en vez de sumar fotos.
En Barcelona, el Gòtic y la playa están a veinte minutos y no se parecen en nada. En Granada, las calles del Albaicín y el Mirador de San Nicolás están a diez minutos y cubren sombra y panorámica.
Lo que conviene preguntar antes de reservar
- ¿Cuántas fotos editadas entrego? Es la mayor diferencia entre dos presupuestos que parecen iguales.
- ¿Cuánto tarda la entrega?
- ¿Qué pasa si llueve? España es soleada hasta que no lo es, y el norte directamente no lo es. Una política de cambio de fecha clara es señal de alguien con oficio.
- ¿Conoce este sitio a esta hora? Más útil que cualquier pregunta sobre equipo.
Dos cosas de las que la gente se arrepiente
Dejar la sesión para el último día del viaje. Si el tiempo se tuerce no hay segunda oportunidad, y además llegáis cansados. Los primeros días es mejor.
Pensar mucho la ropa y nada el calzado. Media España fotogénica es de adoquín. Hay una guía de qué ponerse, y el resumen es: algo que se mueva, y calzado plano para andar.
Qué se compra realmente
No un repertorio de poses. Una hora estando juntos en un sitio bonito con alguien cuyo trabajo es darse cuenta de cuándo os olvidáis de que os están fotografiando.
Las fotos que la gente cuelga en casa casi nunca son las posadas. Son la de justo después, cuando alguien se ha reído.
Los fotógrafos de Photo Spain ponen sus propios paquetes, y el conserje puede filtrar por quién trabaja vuestra ciudad, que en una sesión que depende de la luz local importa más que el estilo del portafolio.
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